Como el equilibrio del universo que engloba a nuestro propio mundo terrenal el cuerpo puede conservar el suyo si se atiene a lo que justamente necesita. Sólo que hay que conocer la proporción correcta de cuanto hemos de entregarle.
Sí, porque es importante decir que sin equilibrio el mundo y su gente se cae. Veamos. Los sistemas sociales y ambientales, es decir, la interacción hombre-naturaleza, han de marchar en perfecta armonía, si no el equilibrio se rompe.
Pero qué tiene que ver la moderación en toda su amplitud con la sal, ¿dirán algunos? Pues, simplemente, que si se la quiere para bien hay que medirla con la precisión de una balanza al incluirla en la dieta diaria.
El uso de ese mineral es tan antiguo como el hombre y mucho más importante que lo que solemos creer, pues su presencia en el lugar –aducen investigadores- marca al Mediterráneo como la cuna de la civilización. Desde la Era Neolítica el hombre supo que con sal podía conservar alimentos como carnes y pescado, de la misma manera que desde la Edad de Bronce conocía como producirla.
La sal, el único mineral comestible, fue y sigue siendo preponderante en la vida del hombre. Tanto es así que en la Edad Media devino en mercancía importante para financiar disímiles gastos de la monarquía feudal con la instauración del impuesto de la sal. Asimismo el jornal de los trabajadores se pagaba con sal; es así como surge la palabra salario, acepción vigente hasta nuestros días.
El provechoso mineral es tan conveniente en el ámbito familiar como profesional, porque resulta extremadamente importante en la producción de farmacéuticos, cosméticos y diversas mercancías de la industria química, su mayor consumidor mundialmente.
Aseveran los investigadores que el valioso inorgánico es indispensable para mantener el balance de fluidos y de sodio en el cuerpo. Por eso es elemental para quienes, por su oficio, tienen grandes pérdidas de líquido, entre otros, deportistas, metalúrgicos, mineros y bomberos.
En el cuerpo humano –aseguran los versados- hay unos 300 gramos de sal pura por lo que éste únicamente necesita para su equilibrio salino unos dos gramos diarios.
Resulta interesante conocer que tres gramos de sal en exceso retienen 100 de agua y que ésta no engorda, sino que su demasía suscita sed, la que provoca una gran ingestión del vital líquido que se concentra en el cuerpo aumentando el volumen corporal.
Atestiguan algunos ilustrados en los estudios del mineral que la sal yodada logra individuos más inteligentes, pero prefiero no adentrarme en ese particular que lo considero privativo de los doctos en la materia.
Después de incursionar en el tema concluyo: sin sal pueden atacarnos calambres, náuseas, convulsiones; si la usamos en demasía, el corazón, los riñones, el hígado, se alteran, al igual que otros funcionamientos vitales del cuerpo humano. ¿Y en la cocina cubana? Resulta insustituible.
Entonces discurro, ¿qué hacer? Al propio tiempo que respondo: no hay que temerla, sino usarla racionalmente para conservar un cuerpo sano, al menos en lo que se refiere a éste cristalino y abundante mineral de la Tierra, presente en yacimientos, lagos y con una reserva marina mundial de unos 40 mil billones de toneladas.